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COORDINACIÓN DE RENATO ESPINOZA HUBY
 
COORDINACIÓN DE CLAUDIA ROJAS RÍOS

Fujimori extraditado

Hace varios años se hizo en la comunidad un par de pronunciamientos sobre la entonces reinante dictadura. No les di gran importancia, pues entonces -más joven- mis preocupaciones eran otras. Hoy, en cambio, me doy cuenta de lo importante que es estar atentos a los signos de los tiempos, y veo que después de 7 años la justicia se hace presente sobre la impunidad en un proceso que ha tenido sus altibajos y durante el cual el final no se vislumbraba con nitidez. Después de 7 años regresará Fujimori a esta nuestra tierra hambrienta de justicia y equidad, equidad que buscamos en nuestra forma particular de construir el Reino, un Reino que ya está aquí pero todavía no es pleno. Y es por eso que debemos seguir este proyecto de vida a plenitud, un proyecto que nos exige vivir el Evangelio.

Nosotros, como comunidad, tenemos la particularidad de vivir el Evangelio como laicos en el mundo y asumir esa función profética sacerdotal y real de Jesucristo (LG 31). Por esa función profética es que debemos denunciar las injusticias y también celebrar las victorias de la justicia. Especialmente cuando esta justicia es una justicia por la vida y los derechos humanos, derechos inalienables a toda persona y que fueron pisoteados durante la dictadura vivida en este nuestro país. Y no es sólo el país quien reclama justicia, sino cada persona que vio sus derechos recortados, sus parientes torturados, sus familias deshechas, y nosotros como comunidad no debemos permanecer callados. Por eso, ahora, como ciudadana que soy, celebro este paso de la justicia, en el que se reconoce que hubo crímenes contra los derechos humanos; pero como cristiana, miembro de una comunidad que interpela mi vida, no me quedo contenta con celebrarlo, sino que sé que es un paso más para ese Reino que queremos construir, en el que queremos vivir.

La extradición no se da sólo por violaciones a los derechos humanos, sino también por los delitos de corrupción que cometió durante su gobierno. La corrupción es un problema que está en las entrañas de nuestra sociedad y que llegó a sus más altas cotas durante los años 90. Como laicos comprometidos en el mundo sabemos que ésta es una barrera para el desarrollo, en la que se pone el bien común en un segundo plano, ese bien común que es pilar de nuestra visión y misión en el mundo. Esa corrupción es la que hace que nos asqueemos de la política y nos hace pensar que todo quehacer político es sucio; pero como constructores del bien común sabemos que nuestra participación es esencial y por eso no debemos darle la espalda a los acontecimientos que vemos y vivimos, como comunidad, como sociedad, como país.

Para terminar sólo me queda recordar que este es un primer paso, que aún falta que sea juzgado por nuestras autoridades, pero que tenemos fe y esperanza de que esos juicios se desarrollen con justicia, justicia que reclamamos y exigimos, en procesos limpios y sin intereses ocultos que la opaquen o invaliden.

Permanezcamos, pues, atentos a los signos de los tiempos.

Agosto 2007

COORDINACIÓN DE ALESSANDRO CAVIGLIA MARCONI

Sobre la libertad religiosa

En los tiempos recientes, a nivel nacional e internacional, se han hecho patentes una vez más vulneraciones flagrantes al derecho a la libertad religiosa. Dicha libertad, fuertemente atacada en varios países, constituye un derecho fundamental que, junto con el derecho a la vida, a la identidad y a la libertad de opinión, deben ser custodiados por los Estados y por el sistema internacional de protección de derechos orquestado por las Naciones Unidas.

Como comunidad religiosa conciente y comprometida con los sufrientes de este mundo, la Comunidad SS.CC. Héctor de Cárdenas levanta su voz de protesta frente a una serie de hechos que, de una u otra forma, se orientan contra la libertad de credos de personas tanto en nuestro país como en la escena internacional contemporánea. Estos hechos son varios, pero presentaremos sólo tres que pueden mostrarnos diferentes aspectos en los que tales derechos civiles se encuentran vulnerados.

Un primer caso lo ha puesto nuestro propio país, donde han salido a la luz, de acuerdo a nuestras informaciones, dos casos de flagrante daño al derecho de credo religioso. Uno de ellos es el de un estudiante evangelista de una universidad privada en Lima, quien había sido forzado a asistir a clases el día de la semana que, de acuerdo a su credo, ha de ser reservado al culto religioso. Felizmente ya se ha levantado una denuncia judicial en contra de dicha universidad y el caso está siguiendo su curso legal. Anteriormente, un médico evangelista tuvo un problema similar con su centro de trabajo, de modo que no se le permitía guardar el sábado. En este caso también se levantó una denuncia y el médico afectado consiguió que la justicia peruana haga valer sus derechos.

Como todos sabemos, durante mucho tiempo la vida política de la joven República de Perú había sido fuertemente influida por el poder tutelar de la Iglesia Católica y, en consecuencia, el sistema legal había sido construido a medida de las festividades y días de guardar del culto católico. Felizmente la conciencia de los católicos se ha abierto para acoger la diversidad de credos, y la Iglesia Católica está aprendiendo a convivir con otros credos -cristianos y no cristianos- en el seno de una sociedad plural. Es más, los católicos concientes han percibido desde hace ya varios años que esta apuesta por el respeto de credo es una exigencia que brota del mismo Evangelio.

La escena internacional actual también ha mostrado lo suyo recientemente en lo que a libertad religiosa se refiere. Dos situaciones patéticas se han presentado últimamente. La primera es la agresión que cierta prensa en occidente contra el mundo musulmán. Las caricaturas sobre Mahoma han dado pie a colocar un falso dilema para justificar lo que constituye un claro abuso de poder y el claro encubrimiento de insulto cultural. Dicho falso dilema se ha presentado como la puesta de dos valores, el del “respeto por la creencia religiosa” y el de la “libertad de prensa”, en los platillos opuestos de la balanza. Como comunidad de creyentes, consideramos que si bien la libertad de prensa es un valor importante, no es posible que en nombre de ella se ofenda profundamente la identidad religiosa de las personas. Claro que no aprobamos las respuestas excesivas de las comunidades musulmanas frente a las embajadas de Dinamarca y otros países occidentales, pero las comprendemos perfectamente.

Pero el insulto a las comunidades musulmanas ha ido más lejos en los últimos siete meses. En las prisiones estadounidenses en Irak y en Guantánamo se está torturando personas por, entre otras cosas, ser musulmanes. Según la política antiterrorista de los Estados Unidos, ser musulmán es sinónimo de ser terrorista, sinonimia que es obviamente del todo falsa.

La comunidad internacional –ciertamente con bastante retraso- ha levantado su voz de protesta frente a los informes aparecidos en estos días respecto de torturas en las cárceles norteamericanas, inscritas en la lucha contra en terrorismo. Estos nuevos datos nos hace recordar las denuncias que hace seis meses se levantaron sobre esas prisiones. Todos hemos visto en la televisión y en fotos en la prensa cómo soldados estadounidenses echaban hojas del Corán por el retrete como signo de insulto cultural y religiosa a los prisioneros que habían sido ya torturados. Que se sepa, la tortura a prisioneros, se trate de prisioneros de guerra como de recluidos por delito de terrorismo, se encuentra condenado por el derecho internacional humanitario. Cuando los prisioneros maltratados son “presuntos” terroristas, entre los que se encuentra gente inocente, el asunto se vuelve escandaloso.

Todas estas arremetidas contra la libertad religiosa son indignantes. Como comunidad cristiana, la comunidad SS.CC. Héctor de Cárdenas manifiesta su solidaridad con todos estos hermanos pertenecientes a otras comunidades de fe y hace presente su indignación y protesta por las acciones contra sus libertades religiosas.

Marzo 2006

 

Un nuevo año se abre y… ¿qué hay de los derechos humanos en el país?

 El 2006, año electoral, se viene con algunos elementos que, vistos en la clave de los derechos humanos, resultan preocupantes. En primer lugar, ya el 2005 terminó con un tema difícil, a saber, el debate sobre la ley de amnistía para los militares violadores de derechos humanos. Por otra parte, las mismas elecciones presidenciales traen incertidumbre respecto a la consolidación de la aún frágil y hasta casi desactivada política de seguimiento de las recomendaciones de la CVR. Como comunidad de creyentes, no podemos dejar de mostrar nuestra preocupación respecto del panorama que parece venirse con ello.

Se ha dicho, a modo de justificación, que se está promoviendo la amnistía para que los militares tengan alicientes y no se encuentren desmoralizados en su combate contra la alianza de Sendero Luminoso y el narcotráfico. Pero es claro que la discutida ley de amnistía tiene fines estrictamente electoreros. Quienes la apoyan están jugando al canje de “perdón” por “votos”. Es decir, están jugando con la dignidad nacional y con la justicia respecto de crímenes que, en los códigos internacionales, no prescriben.

Es cierto que resulta saludable para una democracia que los militares tengan ciertos derechos políticos, especialmente el derecho al voto. Las democracias más desarrolladas lo han incorporado ya hace algún tiempo, y ello responde a una nueva manera de pensar la función de las fuerzas armadas dentro de una sociedad mundial que tiene como centro a las Naciones Unidas y a una cultura política inspirada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Pero el ejercicio de ciertos derechos democráticos supone la adquisición de una cultura democrática por parte de quienes los ejercen. Las fuerzas armadas peruanas están iniciando sus primeros pasos hacia esa cultura, pero aún tienen un largo trecho por recorrer. Requieren aún de una curricula de estudios que incluya el fomento de una cultura cívica, el ejercicio de una conciencia crítica y el respeto de los derechos humanos, además de los ejercicios de tropa y de aprender a disparar un arma. En países donde la cultura democrática es más vigorosa, los militares comparten las aulas con los civiles en prestigiosas universidades, a la par de su formación castrense. Además, las fuerzas militares necesitan de una nueva manera de entender el ejercicio de la autoridad y la obediencia.

Respecto a las elecciones nacionales, resulta lamentable hasta ahora cómo se están configurando las “ofertas” electorales. De las planchas presidenciales, sólo se podría decir que buscarían fortalecer la ya menguada y maltratada política en derechos humanos y de seguimiento de las recomendaciones de la CVR : la encabezada por Susana Villarán y, en menor medida, la que lidera Valentín Paniagua. Las otras ofertas parecen querer condenarnos a perdonar a los violadores de derechos humanos y a transar con las redes de corrupción que persisten ardorosamente en nuestro país. Parece ser que la clase política y el poder económico se han empeñado en imponer en este país una política de desfiguración de la memoria y de no sólo amnistía sino amnesia . Existen sectores muy poderosos que se empeñan en mantener postrados y humillados a quienes han estado marginados y excluidos de la comunidad nacional, aquellos que han estado desde siempre sumidos en la miseria, aquellos que han sido desde siempre maltratados por no participar de la llamada cultura oficial, quienes siempre han puesto los muertos y que, en los años de violencia interna, han sufrido las masacres de Sendero Luminoso y han sido víctimas de violaciones de derechos humanos.

Se abre el 2006. Como creyentes en Jesús encontramos motivos de esperanza, pero se hace también necesario que levantemos nuestra voz de indignación y protesta por las cosas que vemos que está sucediendo entre los peruanos.

Enero 2006

 

 

Vergüenza nacional, una vez más

En los últimos meses, el presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación , Salomón Lerner Febres, ha sido víctima de una serie de amenazas contra su vida. Esto forma parte de un vergonzoso plan para conseguir que el Informe Final de la CVR quede completamente archivado y los juicios contra los violadores de derechos humanos queden en nada.

La CVR ha sido hostilizada desde un primer momento. Sus miembros han sido calumniados, se les ha dicho que eran cómplices ideológicos de los terroristas, que estaban completamente parcializados, que inflaron las cifras de muertos. Sobre esto último, un tristemente célebre congresista de la república, que se autoproclama cristiano, exigió de manera tendenciosa que se mostraran los números de DNI de los casi setecientos mil muertos fruto de la violencia. Si tenemos en cuenta que en las zonas donde el conflicto interno fue más cruento el Estado no tiene presencia real y las personas no tienen DNI, la exigencia de aquél congresista no resulta ser más que una muestra de bajeza política y un insulto contra la dignidad de todos los peruanos.

Si la escena de los DNI ha sido escandalosa, frívola y políticamente tendenciosa, el amedrentamiento y las calumnias contra los miembros de la CVR y, últimamente, las amenazas contra la vida del Presidente de la Comisión , son causa de indignación y vergüenza nacional. Esta situación no nos extraña, pues las fuerzas más oscuras y delincuenciales del país ya nos tienen acostumbrados a la bajeza y al atropello de la vida de los ciudadanos. No nos extraña por la cercanía de los juicios a los militares en las agendas de la lucha contra la corrupción, y la reparación de los daños producidos por la violencia interna.

Tampoco nos extraña que en los mensajes intimidatorios y amenazantes contra Salomón Lerner se trasluzca el racismo que caracteriza nuestra sociedad. En varios de esos mensajes se insulta al presidente de la CVR por sus orígenes judíos. Tales insultos tienen el mismo sentido que aquellos dirigidos contra los miles de muertos indígenas de la zona oriental del país, los quechuas y los aymaras. ¿Acaso aquellos asesinos y amedrentadores exigen que uno sea de orígenes plenamente cristianos y de raza blanca para ser respetable y para que su vida tenga algún valor? Si creen que con ello están dentro de las coordenadas del Evangelio, se equivocan de cabo a rabo. El Evangelio siempre ha defendido el valor y el respeto de las personas independientemente de su raza, lengua y cultura. Ese es el sentido original den término “católico”. Con él, el cristianismo no se restringe a un solo pueblo o raza, sino que es un mensaje de amor y justicia para todos los pueblos, una exigencia de encuentro, respeto y paz entre todos los pueblos.

En tanto que ciudadanos concientes, miembros de la sociedad civil que quiere ser activa, quienes conformamos la comunidad SS.CC. Héctor de Cárdenas expresamos nuestra solidaridad con Salomón Lerner, manifestamos nuestra indignación. y exigimos que el Estado tome las medidas necesarias para proteger la vida de quien es una persona y un profesional de alta calidad, que ha expuesto su vida e integridad física en varias oportunidades para hacer posible que la justicia, un valor evangélico fundamental, se pueda realizar.

Octubre-Noviembre 2005

 

 

Peligros del racismo encubierto

En los últimos meses una serie de desastres naturales ha sido el foco de atención de la sociedad internacional. El huracán Katrina y, recientemente, el terremoto en la zona de Pakistán y la India, así como los desastres sucedidos en la zona de México y Centroamérica, han sido, sin duda, los más alarmantes. Todos ellos han movilizado los recursos de los países afectados y la cooperación internacional, aunque no todos de la misma manera. Sobresalen los contrastes entre el tratamiento del desastre de Nueva Orleáns y los de México. Mientras que Vicente Fox respondió inmediatamente, ofreciendo los recursos que su país obtenía de la venta de crudo, George W. Bush se hizo esperar, entre otras cosas por que sus fuerzas de asistencia humanitaria, el ejército y sus helicópteros, se encontraban en Irak.

Nueva Orleáns es un rico centro cultural que ha aportado mucho de lo más valioso que se conoce de los Estados Unidos. El Jazz y aportes literarios de inmenso valor, fenómenos espirituales, han influido y marcado la cultura mundial contemporánea. Se trata, además, de un sector donde se encuentran los estadounidenses más pobres. La demora de la asistencia a los damnificados no muestra otra cosa que la presencia de un componente ideológica que va en contra de los valores evangélicos y que hay que denunciar a viva voz. Se trata de la falsa idea de que hay seres humanos de primera y de segunda categoría.

Esta distinción suele hacerse siguiendo distinciones de cultura, lengua, religión o posición social. Tales distinciones se traduce en consideraciones que señalan que, si eres de cierto grupo cultural, hablas una lengua de prestigiosa, si tienes cierto tipo de creencias religiosas o comprensión de la vida, entonces no vales tanto como yo. Solemos denominar esa posición bajo el término genérico de “racismo”, aunque incluye componentes culturales, sociales, lingüísticos, religiosos y filosóficos que van más allá del color de la piel o el componente biológico de la raza.

Hay “racismos” de dos tipos. Uno son descarnados, otros son encubiertos. Las campañas xenofóbicas como las de Rusia contra latinoamericanos (hace pocos días asesinaron a otro estudiante peruano) o las de Alemania, Austria, el norte de Italia y ciertas zonas de los Estados Unidos, se presentan como abiertamente racistas. Algunos de esos grupos se reclaman “neonazis”. La consigna de los partisanos de los grupos neonazis es “eliminar a quien tiene ciertos componentes raciales, porque es necesario depurar el planeta”. Técnicamente, eso se conoce como una campaña de “limpieza étnica”.

Pero el racismo puede presentarse de una manera más sutil y peligrosa. Desde algunas concepciones de la política economía y jurídicas se dice que ciertas medidas económicas son inevitables y que, para salir de una situación de precariedad económica, tenemos (o mejor dicho, que ciertos sectores –que siempre son los menos favorecidos- tienen) que “hacer un esfuerzo”; o que hay que flexibilizar la legislación laboral porque así se fomenta la inversión y, en ese caso, los sectores menos favorecidos tendrán que tener paciencia y esperar que la riqueza y la calidad de vida goteen. Todos esos discursos esconden un “racismo” encubierto que podemos estar avalando sin darnos cuenta.

Hoy por hoy, el racismo encubierto cruza tan sutilmente todas las esferas de comunicación de la sociedad nacional e internacional que resulta difícil no terminar comprometido con él si es que uno no es muy cuidado. Este tipo de racismo comienza pidiéndonos que aceptemos premisas que parecen ser muy razonables. ¿Quién no quiere que el país alcance cierta prosperidad económica y que haya inversión en nuestra sociedad?¿Quién no quiere que haya más trabajo?. Pero para que tales metas se alcance, se nos dice que ciertos sectores tendrán que hacer un “pequeño esfuerzo”. El discurso nos exige que con lo primero aceptemos lo segundo. Pero con ello, inmediatamente, nos hace sus cómplices. Cuando esos discursos toman la forma de campañas políticas y se convierten en caballos de batalla en la contienda electoral de ciertos partidos – algunos de los cuales se autodenominan cristianos – nuestro voto adquiere un significado en términos compromiso con el racismo.

Como comunidad de creyentes, nosotros rechazamos toda forma de racismo, por ser antievangélico. El Evangelio nos exige todo lo contrario. Nos llama a la construcción de una sociedad donde todas las personas se reconozcan igualmente valiosas y dignas. El principio de la caridad universal que brilla en el Evangelio nos compromete con la universal dignidad de los seres humanos.

Septiembre 2005

 

26 de Agosto: Vertebrando la memoria

Han pasado ya dos años desde la presentación del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, dos años en los que las recomendaciones de la CVR no han sido tomadas en cuenta por la clase política nacional con el interés que la situación exige. Muestra de ello es el poco avance en el recién iniciado programa de reparaciones. Es por ello que la sociedad civil ha decidido manifestarse tejiendo el llamado Quipu de la Memoria. Este Quipu es sumamente significativo: en cada nudo se expresa nuestro dolor y nuestro duelo por cada una de las víctimas de la violencia interna, así como nuestra esperanza de que el pasado de violencia no se repetirá.

Somos concientes de que la superación de las heridas de la violencia es un proceso que requiere de la participación de todos. No es tarea sólo de los políticos y del gobierno, sino que también los miembros de la sociedad civil tenemos un trabajo que hacer al respecto. Es por ello que el Quipu de la Memoria tiene significado para nosotros. A través de él nos involucramos en el proceso de reparación nacional.

Con el Quipu vamos todos juntos tejiendo y vertebrando nuestra memoria. La trama que se articula en él dice mucho de lo que somos y de lo que queremos ser. Somos y hemos sido un país en el cual las víctimas de la violencia han sido, en la mayoría de los casos, excluídos de la “sociedad peruana oficial”, y queremos ser un país donde nos reconozcamos entre todos.

Como comunidad laical Sagrados Corazones, esto no nos puede ser indiferente en absoluto. Encontramos que la elaboración del Quipu de la Memoria y el compromiso de trabajo por la inclusión del marginado cultural, el compromiso por la transformación de las estructuras económicas y políticas para que puedan ser incluidos grandes sectores de la población nacional, todo ello es una exigencia que brota del Evangelio y del anuncio del Reino. Es por eso que como comunidad laical, la Comunidad SS.CC. Héctor de Cárdenas manifiesta su apoyo y participación en la ceremonia central del Quipu de la Memora este viernes 26 de Agosto.

Agosto 2005

 

Atentado en Londres

La Comunidad SS.CC. “Héctor de Cárdenas” rechaza y condena los actos de terrorismo sucedidos últimamente en la ciudad de Londres. Nos solidarizamos con las víctimas y reafirmamos que el terrorismo no tiene justificación ni desde el punto de vista de la moral ni desde el punto de vista del evangelio.

Con este nuevo atentado estamos asistiendo a dos fenómenos sumamente preocupantes. De una parte, se está reafirmando una opción por parte de varios agentes políticos (ya sean líderes internacionales o cabezas de grupos terroristas) a que la política internacional se defina por la fuerza. En esta tendencia, los actores políticos asumen que mientras más contingente bélico desplacen y mientras mayor sea su capacidad de destruir y de acabar con vidas civiles e inocente, mayor dominio tendrán. Esta manera de concebir las relaciones políticas es antievangélica e inmoral.

Por otro lado, asistimos a un crecimiento de la acción política por parte de grupos fundamentalistas islámicos. Como comunidad religiosa, consideramos que los movimientos fundamentalistas, sean éstos islámicos, cristianos o católicos, traicionan el espíritu de las respectivas religiones. Reconocemos el valor que tiene el Islam y respetamos profundamente la fe musulmana; es por ello que creemos que los grupos fundamentalistas que han atentado contra ciudades occidentales –en nombre de un supuesto “ajuste de cuentas” con los que denominan “cruzados”- no representan los más auténtico del Islam que, al igual que el cristianismo, es una religión de la paz y el amor.

Julio 2005

 

 

Pobreza, deuda y justicia: La tiranía de las leyes del mercado

A raíz de la reunión de los ocho grandes (en el G8) se ha puesto sobre la agenda mundial un tema que ha estado presente en la denuncia de social de la Iglesia Católica desde el pontificado de Juan Pablo II, y que Benedicto XVI ha retomado. Se trata de la deuda externa que los países del tercer mundo tienen con los organismos financieros internacionales y con los países del primer mundo, la cual es de tal magnitud que sólo con el pago de los intereses se ha pagado ya con creces su monto original. Esta situación mantiene en la esclavitud financiera a muchos países pobres, especialmente a la mayoría de los países de África.

Desde el punto de vista del neoliberalismo, “lo justo” es que esos países paguen lo que deben, incluyendo los intereses. Pero desde el punto de vista humanitario, con el que la Iglesia se haya claramente comprometida, es más justo abogar por una política dirigida a la condonación de la deuda. Esta sugerencia que brota desde la Iglesia y de los sectores humanitaristas del planeta puede resultar poco ortodoxa a los ojos de quieres defienden la teoría del libre mercado imperante en el mundo, pero resulta empatar mejor con las intuiciones de lo que es la justicia que tiene mayor vigencia en el mundo contemporáneo, y es sin duda más acorde con el Evangelio.

En asunto se presenta, entonces, como un debate entre el absolutismo que afirma una Verdad inamovible e incuestionable: la Verdad neoliberal del libre mercado. De otro lado del debate está la humanización, la apertura al diálogo con aquellos seres humanos que posiblemente sean de color, religión y cultura distintas, pero que tiene hambre y enfermedades, y han visto morir a sus vecinos y familiares. Esta humanización del problema exige que veamos todos los rostros de esos seres humanos sufrientes y que abandonemos los dogmatismos y fundamentalismos ideológico-económicos en aras de relaciones más justas y, a fin de cuentas, más evangélicas.

En esto se muestra, una vez más, cómo los dogmatismos y absolutismos de supuestas Verdades incuestionables son las mejores armas que tienen algunas personas para ejercer y mantener su tiranía sobre otras personas. Esto es cierto tanto en el campo económico como en el político e incluso el religioso. El fundamentalismo neoliberal, así como el comunismo y el fascismo son muestras de ello. En el campo religioso puede suceder lo mismo: el fanatismo religioso termina por reproducir el mismo despotismo que trae como saldo la muerte de miles de personas.

Por ello los creyentes tenemos la exigencia de estar atentos a los dogmatismos y fundamentalismos en los que podríamos estar tentados a caer. Contra esta tentación de tergiversar nuestra fe Pablo nos ofrece una guía fundamental: “todo, salvo el amor, es vanidad de vanidades”. Con ello se ve claramente que la demostración de mi fe se encuentra en la caridad con la que me relaciono con los demás, en la capacidad de dar vida a los hermanos.

Todas estas figuras, el neoliberalismo ortodoxo, el fanatismo político y religioso, no son más que los intentos de algunos por colocarse en el lugar de Dios para, desde allí, controlar y quitar vida a los demás.

Junio 2005

 
 

 

Tenemos nuevo Papa: Benedicto XVI

Como miembros de la Iglesia, los miembros de la Comunidad SS.CC. “Héctor de Cárdenas” nos alegramos de la elección del nuevo papa Benedicto XVI. Conocíamos ya las cualidades del Mons. Joseph Ratzinger, especialmente su gran inteligencia y sus dotes intelectuales. Se trata de un teólogo que ha participado activamente en las controversias doctrinales y teológicas en nuestra Iglesia desde ya varias décadas. Tenemos, pues, un nuevo Papa que tiene sus posiciones firmes en cuestiones teológicas y cuenta con la capacidad para dar razón de ellas.

En su papel en la Congregación para la Doctrina de la Fe, él se encontraba en la constante necesidad de tomar partido por una posición en cuestiones dogmáticas y teológicas. Respecto de la Teología de la Liberación, si bien es cierto que no compartía varios de las intuiciones de Gustavo Gutiérrez, su Presidencia en la Congregación tuvo una posición dialogante y no condenó el pensamiento teológico del padre peruano en ningún momento; sólo hizo algunas observaciones que nuestro querido compatriota acogió de buen grado.

Es importante señalar el hecho de que Benedicto XVI sea alemán. Hace 500 años no teníamos un Papa que proviniese de Alemania. Para el pueblo alemán la elección de Mons. Ratzinger tiene un significado adicional de suma importancia: el hecho de que, como pueblo, están realizando un aporte significativo al mundo en el siglo XXI. Hay que entender este sentimiento en el marco del surgimiento del nazismo y de la implementación de los campos de exterminio durante la primera mitad del siglo XX. El nazismo y su papel en la historia han generado en la Alemania postbélica un terrible sentimiento de culpa y vergüenza. A pesar de que el pueblo alemán en la historia posterior ha hecho aportes positivamente invalorables a la humanidad y a la Iglesia, grandes e importantes sectores de Alemania se sentían con el deber de aportar más por la construcción de la paz y la reflexión en el mundo.

Los aportes de Alemania después de la guerra han sido invalorables en varios frentes. De parte de las reflexiones teológicas, católicos como J.B. Metz, K. Rahner y H. Küng han colaborado profundamente a la conciencia contemporánea, lo mismo que teólogos protestantes como J. Moltmann e inclusive, durante la guerra, D. Bonhoeffer, para no mencionar a los filósofos alemanes importantes que han hecho un aporte invalorable a la cultura mundial post y antiholocaústica. Estamos seguros que la elección de Mons. Ratzinger como Sumo Pontífice ha tenido en cuenta el papel que el pueblo alemán ha cumplido en la historia postbélica. Ello nos alegra profundamente. Estamos confiados de que el papa Benedicto XVI hará honor a la tradición de la Alemania postbélica, tradición caracterizada por la calidad intelectual, la alta capacidad reflexiva, la disposición para el diálogo y el aporte para construir un mundo más dialogante.

El nuevo Papa, inmediatamente después de su elección, pidió a todos los miembros de la Iglesia que oremos por su pontificado. Como comunidad, parte de la Iglesia, estamos acompañando al Papa en sus oraciones. Como miembros de la Iglesia ratificamos una vez más nuestra fidelidad a la Iglesia que se remonta a Pedro y que se encuentra en el camino de seguimiento de Jesús, el Buen Pastor.

Mayo 2005

 

 

Un ejemplo de servicio, trabajo y oración - Homenaje a Juan Pablo II

En estos días nos ha dejado el papa Juan Pablo II, un ejemplo de servicio, trabajo y oración para todos los cristianos y para el mundo en general. Como parte de la Iglesia, la Comunidad SS.CC. “Héctor de Cárdenas” quiere brindarle este humilde homenaje.

El día de su elección, Juan Pablo II tuvo un mensaje claro para la Iglesia y el mundo. “No tengan miedo de abrirle las puestas a Cristo”. Con esa expresión “abrir las puertas”, el Papa quería significar muchas cosas. Era una invitación a la conversión personal en Cristo, una apertura hacia los demás, venciendo el egoísmo. Además, con ello quería apuntar a una apertura política de los regímenes totalitarios; pero también una transformación de los sistemas económicos occidentales en dirección del combate contra la pobreza, las escandalosas inequidades y la marginación.

El Papa fomentó el diálogo interreligioso, ratificando así la apertura que desde Vaticano II se estaba operando en la Iglesia Católica. Sus innumerables viajes y visitas lo trajeron varias veces por Latinoamérica, donde denunció las injustas distribuciones de las riquezas, al tiempo que procuró hacer frente al avance del comunismo. En este contexto entró en un fructífero diálogo con la Teología de la Liberación. En su diálogo con el pensamiento de Gustavo Gutiérrez, Juan Pablo II pudo reconocer el espíritu que desde la Conferencia Episcopal de Puebla se venía gestando en la espiritualidad de América Latina. A la teología de la liberación anotó algunas sugerencias, y de ella recogió muchas intuiciones que hoy en día forman parte del Magisterio de la Iglesia, especialmente las vinculadas a la opción preferencial por los pobres. La doctrina social de Juan Pablo II muestra claramente esta influencia.

Por otro lado, el Papa era doctrinalmente hablando más cercano al sector conservador de la Iglesia. Esto se explica por su formación en una Iglesia de resistencia contra el comunismo, como era la polaca. Sin embargo, dio muestras de tolerancia en varios momentos, tratando, en todo momento, de ser Pontífice, es decir, “puente” entre los diferentes sectores de una Iglesia plural con muchas espiritualidades y teologías.

La agonía y la muerte de Juan Pablo II nos llena de dolor a todos los miembros de la Iglesia, pero también nos ofrece temas de reflexión y meditación. Durante su agonía se baraj ó la posibilidad de que el Papa renunciara a su cargo. Su respuesta, secundada por varios sectores de Iglesia, fue que si Cristo no se bajó de la cruz, él no debía renunciar a su cargo . Pero desde un lado reflexivo de nuestra Iglesia se señalaba que ambas cosas no eran lo mismo, es decir, que la cruz que el Papa debía seguir asumiendo con entereza, tal como Cristo lo hizo, era su propia enfermedad, no su cargo como pontífice. Una de las preguntas que se derivaban de esta cuestión era si el Papa, acosado por una enfermedad como aquella, podría seguir cumpliendo con las responsabilidades que su cargo le planteaban. En lo personal creo sinceramente que no. Además, es importante recordar que en la historia de la Iglesia se han dado antes casos de Papas que renunciaron a su cargo.

Otro de los temas a reflexión se refiere a la democratización de la misma Iglesia. La inquietud por una Iglesia más abierta, democrática y horizontal, en un diálogo más abierto con el mundo en el que se encuentra inmersa no es algo nuevo, es un anhelo tan viejo como la Iglesia misma. Los franciscanos, a través de su fundador -Francisco- y de Guillermo de Ockam, son muestra de ello. Guillermo de Ockam, por ejemplo, abogaba por la participación de toda la Iglesia en la Iglesia misma. Reflejo de este anhelo es la búsqueda por un nuevo lugar del laico en la Iglesia, no subsidiario o subordinado a la jerarquía, sino con iniciativa, misión y papel propio.

Es muy humano tener bemoles. El Papa también los tuvo, pero ellos no oscurecen su luz, su trabajo, su entrega, la calidad de su persona y su servicio. Un ejemplo para los creyentes. En ello va nuestro homenaje.

Abril de 2005

 

 

Peter Benenson

El pasado 25 de febrero, falleció Peter Benenson, a los 83 años de edad. Se trata del fundador de una de las organizaciones defensoras de derechos humanos más importante a nivel mundial: Amnistía Internacional. Benenson comenzó con una campaña por la liberación de unos presos de conciencia en Inglaterra el año 1961. Actualmente, Amnistía Internacional, junto con Human Rights Watch, es una de las organizaciones que más ha hecho por la defensa de los derechos humanos alrededor del planeta.

Hablar de derechos humanos significa tener presente las campañas en defensa de los derechos de los ciudadanos frente a los poderes despóticos de ciertos gobiernos autoritarios. Pero, además, significa la defensa de los derechos de grupos culturales contra arremetidas de los gobiernos centralizados y de trasnacionales comerciales que creen que, por contar con poder y dinero, pueden vulnerar los derechos de las poblaciones nativas. Las organizaciones en defensa de los derechos humanos realizan una labor esforzada por garantizar estos derechos. Amnistía Internacional ha colaborado y colabora hoy en día de manera destacada en esta tarea. De esta labor es fruto la conciencia cada vez mayor de gobiernos y empresas trasnacionales respecto a la necesidad de ser más sensibles con la población local. Por ejemplo, las compañías mineras en el norte del país contratan cada vez más personal que pueda ser puente entre los intereses de la población y los intereses de las empresas.

Es cierto que los principios de donde brotan los derechos humanos, como son la dignidad y la libertad de las personas, pueden ser utilizados políticamente por instituciones y gobiernos. Pero ese uso manipulador no invalida tales principios, sino sólo a las instituciones y los gobiernos manipuladores. Lo mismo sucede con la religión y el cristianismo: si bien podrían ser utilizados para que ciertos grupos o personas asciendan en la carrera por el poder, no por ello las prácticas religiosas y el seguimiento de Jesús pierden sentido. El mal uso de los principios no los invalida en absoluto.

Es cierto que en nombre de la libertad se han vulnerado derechos colectivos e individuales básicos, pero la libertad, tomada en el contexto que le dio origen, sigue teniendo sentido y fuerza moral. La libertad de la que hablamos tiene su origen en lo que conocemos como sociedad civil. Es en la sociedad civil donde las personas y los grupos se presentan cono ciudadanos . Ser un ciudadano significa tener derechos y ser corresponsable por el funcionamiento del Estado y sus leyes. Se trata de participar de la política del país al que se pertenece.

Esta participación de la ciudadanía fortalece la democracia, que, como sabemos, cuenta don dos dinámicas: una dinámica representativa y una dinámica participativa. La dinámica representativa se realiza cuando los ciudadanos eligen sus autoridades cada cierto tiempo. La dinámica participativa se desarrolla cuando los ciudadanos se organizan en la sociedad civil, ya sea en colegios profesionales, clubes, organizaciones no gubernamentales, etc., con el fin de hacer efectivos sus derechos.

El filósofo francés, Alexis de Tocqueville, observando la naciente democracia estadounidense, observó ya en el siglo XVIII que uno de los peligros de la democracia eran las tendencias individualistas de los ciudadanos. Estas tendencias hacían que los ciudadanos abandonaran la dimensión participativa de su ciudadanía democrática y se replegaran a sus asuntos y negocios particulares, dejando a las cuestiones públicas en manos de los representantes elegidos y abandonados a sus intereses. En otras palabras, estos ciudadanos individualistas estaban abandonando la política y sus libertades en manos de los políticos. Tocqueville sugerirá, en su ya clásico La democracia en América , que la participación ciudadana es fundamental para el desarrollo de la democracias. Tocqueville dirá claramente, y de manera visionaria, que la democracia tiene dos enemigos en su propio interior: el individualismo de la ciudadanía y la pobreza extrema.

Amnistía internacional, en tanto que ONG, es parte de la ciudadanía que participa en la dinámica democrática. Forma parte de la sociedad civil. Pero se trata de una sociedad civil que ha traspasado los fueros de un país. Desde 1961 y se estaba gestando los gérmenes de una sociedad civil mundial, la misma que se organizó y se manifestó contra los bombardeos a Bagdad (aquellos que dejaron más de 10 mil muertos entonces y que dejaron otro tanto desde esa fecha hasta ahora).

Derechos humanos, participación ciudadana, defensa de la democracia, una sociedad civil mundial: todo ello tiene que ver con Peter Benenson. Benenson y todo lo anterior tiene que ver con nuestra propia fe como cristianos y miembros de la Iglesia. Y es que la democracia y los derechos que ella significa están lejos de ser algo que se impone por la fuerza por parte de las potencias occidentales a otras culturas. La democracia y los derechos humanos representan la posibilidad de que los otros, los que piensan, sienten y viven de manera distinta, puedan hacer oír su voz y hacer valer sus derechos. Y es que la democracia y los derechos no son “modelos acabados y exportables”, sino que se van regenerando, reconfigurando, profundizando en el diálogo. Es aquí donde una Iglesia dialogante y que vela por la vida de las personas tiene mucho que aportar y mucho que aprender.

Marzo de 2005

 

 
 

 

27 de Enero – 60 años después

27 de Enero de 1945. Soldados rusos ingresan en el campo de concentración de Auschwitz. Arma en mano, permanecen atónitos, la escena parece ser indescriptible. Varios de los supervivientes coinciden en esto: en Auschwitz no se moría, se producía cadáveres. La muerte es un proceso individual, la fabricación de cadáveres resultaba ser un movimiento masificado, sistemático, planificado, en el que se sustraía la dignidad incluso a la muerte misma.

Como en otros campos de exterminio, Auschwitz giraba en torno a lo que los testigos denominan “musulmán”, seres humanos sometidos a un largo proceso de muerte. Hambrientos que ya no identifican los impulsos que provienen del hambre; seres que han perdido procesos de conciencia. Se trata de un umbral prolongado entre la vida y la no vida, lo humano y lo no humano. Puesto que la temperatura de sus cuerpos descendía por debajo de los 36 grados, se encontraban siempre tiritando de tal manera que parecían musulmanes en plegaria.

Sobre los “musulmanes” no habíamos tenido noticias. Ni el cine ni la televisión nos han mostrado sus figuras (sólo existe una filmación realizada por los rusos mientras entraban al campo); los libros sobre los campos de exterminio tampoco los han mencionado. Son los testimonios de los supervivientes, como los de Primo Levi y Elie Wiesel, los que han dado recientemente información sobre ellos. El proceso del campo significa una serie sustracciones que comienza por quitarle a una población la categoría de pueblo con derechos y nacionalidad, y termina por sustraer al ser vivo la categoría de ser humano, convirtiéndolo en “musulmán”. Así se produce la paradoja de Auschwitz: se entra como judío, se termina como musulmán.

Los campos de exterminio y de concentración se presentan como fenómenos propiamente modernos. No es que antes no hubiesen existido procesos de limpieza étnica, sino que la masificación y planificación de los campos modernos era inaudita. Junto con el advenimiento de los sistemas democráticos, con el surgimiento de la sociedad civil y la progresiva conquista de derechos que trae consigo, el campo de concentración aparece en escena. Se trata ciertamente de un “estado de excepción” en el que las personas son despojadas de sus derechos. La figura del “estado de excepción” representa el poder del Estado para hacer lo que “considere necesario” con una población determinada con a fin de “salvar” a la nación y hacer prevalecer la Razón de Estado. Si bien es una figura jurídica antigua, en la modernidad cobra mayor presencia gracias a teóricos conservadores como Donoso Cortés y Carl Schmitt. El golpe militar (Chile y Argentina), el golpe cívico-militar (Perú) son formas de “estado de excepción”. El campo de concentración es su forma más extrema.

Sociedad Civil, estado de excepción y campo de concentración representan, tomados en conjunto, las paradojas de la política contemporánea. Si bien de la figura de Auschwitz surge la sensibilidad y el rechazo que llevó la comunidad de naciones reunida en la ONU al fenómeno contemporáneo conocido como la “cultura de los derechos humanos”. Este movimiento cultural surge clamando el lema “Nunca Más”. Y sin embargo, incluso en nuestros días, el campo de concentración sigue estando presente: la ex -Yugoslavia, la Franja de Gaza...

La exacerbación étnica y religiosa, así como la política extremadamente conservadora son motores que alimentan estas rechazables maquinarias de reclusión y limpieza. Es por ello que a las comunidades cristianas y católicas se nos presenta la exigencia, religiosa y moral, de alejarnos de los extremos conservadores (de derecho e izquierda), conscientes de que las exigencias de fe no nos deben conducir a la “radicalización de nuestras creencias”, sino a un trabajo sostenido a favor de la dignificación y la liberación de todo ser humano.

Febrero de 2005

 

 

 

¿Eso involucra a los cristianos? Homenaje a Susan Sontag

Este último 28 de diciembre Susan Sontag ha muerto. “Maestra de la provocación”, “enfant terrible”, “cerebro rápido e intransigente” son algunos epítetos con los que se le conocía. Escritora provocadora, intelectual activista, icono de la izquierda norteamericana, Susan Sontag nos va a hacer mucha falta, pues el mundo contemporáneo extraña a las mujeres y hombres que sean verdaderamente valientes en pensamiento y acción. Es que el mundo contemporáneo extraña hoy más que nunca a personas que tengan las agallas para llamar a las cosas por su nombre, como lo hizo ella cuando dijo que “la raza blanca es el cáncer de la historia” o que América –y no se refería sólo a Norteamérica- fue “fundada por genocidio”.

Mujer extremadamente inteligente, nace en Nueva York en enero de 1933, en una familia judía y burguesa. A los 15 años ingresa a la Universidad de Berkeley. Licenciada en filosofía, literatura y teología en Chicago, Harvard y Oxford. Estuvo como periodista en el Vietnam más dura, aquél de la guerra –el que muchos sólo conocieron por la película de F. F. Coppola-, estuvo en los Balcanes cuando sólo quienes tiene coraje han estado. Fue periodista no sólo del mal endémico de las guerras, puesto que en sus libros “La enfermedad y sus metáforas” y “El sida y sus metáforas” realizó la crónica de sus propias enfermedades y las de otros seres humanos. Sobre el 11-S no tardo en calificarlo como una respuesta frente a la injusticia. En 1999 gana el Premio Nacional del Libro en los Estados Unidos, con su libro “En América”. El mismo año se hace del Premio de Jerusalén, con su “Ante el dolor de los demás” y el 2003 gana el Premio Príncipe de Asturias.

Su producción literaria es grande e imposible de presentarla en su conjunto aquí. Escribió ensayos y novelas. Entre ellas figuran “Bajo el signo de Saturno”, “Sobre la fotografía”, el sugerente libro “La enfermedad y sus metáforas”, su atrevido ensayo “Contra la interpretación”, “viaje a Hanoi” y su novela “El benefactor”.

Es necesario que los cristianos abandonemos de un modo más audaz la falsa moralina contra las manifestaciones culturales del mundo de hoy, dejemos de perseguir a grupos de rock, obras de teatro y películas como si fuesen las nuevas brujas o los nuevos infieles a quienes hay que exterminar. Es hora de mirar a mujeres y hombres como Susan Sontag, Noam Chomsky, Oriana Fallaci, Salman Rushdie, entre otros, que han sido y son capaces de decir lo suyo en contra del abuso, la injusticia, el dolor y la pobreza, haciendo suyos los temas centrales del evangelio.

Enero de 2005

 

Nunca más por medio de la violencia

Lo sucedido en Andahuaylas estos primeros días del año nos preocupa tremendamente. Como comunidad cristiana, rechazamos y repudiamos el uso de la violencia, provenga ésta de la extrema izquierda o de la extrema derecha, sea promovida por Abimael Guzmán, Victor Polay, Vladimiro Montesinos o Antauro Humala. De la misma manera, lamentamos la muerte de los policías acontecida estos últimos días y acompañamos a las familias afectadas en el dolor. Pero lo que más nos preocupa es la persistencia de tendencias violentistas y autoritarias en nuestro país, tendencias que calan con relativa facilidad en la población más vulnerable, acosada por las necesidades económicas y que se encuentra en muchos casos desinformada. Vemos, con mucha tristeza, cómo en la historia de nuestro país se produce la recurrente asociación de pobreza, autoritarismo y violencia.

Como comunidad cristiana creemos que, aunque el sistema democrático y la precaria democracia peruana cuentan con muchas falencias, son la mejor alternativa para la sociedad peruana. No consideramos que el Perú necesite regresar a una aristocracia en la cual gobiernen los supuestamente mejores. La política tiene que ver con “la búsqueda de una vida compartida de calidad” donde cada cual, teniendo en cuenta sus particularidades y diferencias, pueda encontrar las condiciones para una vida digna, dentro de un sistema social que permita lo mismo para los demás. Igualmente consideramos que en política todos los ciudadanos son competentes y que la reflexión y la participación política no puede y no debe ser sustraída por un grupo en aras de un proyecto autoritario.

Consideramos, además, que una democracia plural sólida es el mejor sistema para combatir la pobreza: el autoritarismo siempre enmascara e impone la pobreza a los miembros más desprotegidos de la sociedad. Es cierto que nuestra democracia nacional tiene muchas dificultades, pero creemos profundamente que nuestra fidelidad al Evangelio y a las enseñanzas de Cristo nos llaman a un compromiso por lograr en nuestro país una democracia constitucional sólida, con instituciones fuertes y comprometida con la justicia social y cultural. Es en este sentido que apoyamos y nos sentimos comprometidos con la difusión del Informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, así como nos sentimos involucrados en el fomento de una cultura política basada el respeto de los derechos humanos.

Enero de 2005

 

Tragedias y pobrezas

Esta Navidad, un mar de noticias y pesar invadió toda la tierra. Los medios han mostrado desastres y pesadillas “reales”. Indios, somalíes, tailandeses, habitantes de distintas islas, algunos latinoamericanos, europeos gozando de sus vacaciones, han sido golpeados por una sorprendente fuerza de la naturaleza. Ello ha significado miles de miles de muertes, epidemias, alrededor de un millón de afectados, infinidad de familias afectadas todas por la desaparición, la muerte, la enfermedad. Es como si este tiempo de Navidad significara para todos un momento de luto. Como comunidad cristiana, la Comunidad SS.CC. Héctor de Cárdenas nos sentimos llamado a compartir las penas de aquellos miles de miles de personas que han sufrido este suceso.

Pero no es necesario describir aquí aquello que televisión, internet y diarios ya están haciendo hasta extremo detalle; es necesario también apuntar más bien a los significados de lo que sucede: Una mujer que perdió familia y casa pregunta porqué Dios los había castigado de esa manera, con una experiencia peor que la muerte. Experiencia que puede ser motivo de desesperanza, pero también de reflexión: ¿Qué esperamos de Dios?. De otro lado vemos la movilización de la asistencia internacional, flujo veloz de billetes, alimento, agua y salud; motivo de esperanza entre tanto muerto, herido y damnificado. Pero también podríamos preguntarnos qué esperamos de la asistencia internacional.

¿Qué esperamos de Dios? Es una pregunta que se vuelve sobre los hombres, pues se traduce fácilmente en lo que se espera de los creyentes en momentos difíciles: esa mujer desesperada, asolada por la desgracia, puede experimentar que, a pesar de todo, Dios le da la mano a través de la mano humana, en el cálido y preocupado contacto humano –que es misterio de amor divino. Aquél que pide a Dios muestras claras de su existencia ¿qué tipo de pruebas esperaría?. Si no comprende que en la caridad y solidaridad humanas se estaba manifestando Dios mismo, es probable que no obtenga prueba alguna.

¿Qué esperamos de la asistencia internacional? Aparte de la crítica que The New York Times hecha al parco aporte monetario de los Estados Unidos, uno podría preguntarse legítimamente (frente a cuestionamiento al que el gobierno norteamericano se vio obligado a responder elevando las cifras de su aporte) ¿porqué los países desarrollados se ufanan en asistir por catástrofes humanitarias causadas por la naturaleza, y no hacen nada respecto de las catástrofes de desigualdad social, fractura cultural y ecológica que sus sistemas de producción y de flujo monetario causa?. Esta contradicción llama la atención. Podría ayudar a leer la presencia del tema “maremoto” en los medios y cabezas europeas de este modo: se trata de una mezcla de sensibilidad humanitaria, ansias de figuración como “los asistentes de la humanidad” y de morbosidad. ¿No sería más coherente para Europa y Estados Unidos mejorar las situaciones sociales y políticas de los inmigrantes turcos en Alemania, de los hispanos en España y en territorio “americano”, de argelinos en Francia, de yugoslavos en Italia. Mientras el racismo, la imposición económica y la imposición política continúen ¿podremos, realmente, en la asistencia internacional en un cien por ciento?

¿Qué hay de América Latina? ¿Y qué del Perú?. Nosotros hemos tenido muchos tsunamies. La pobreza endémica de muchos sectores, la violencia interna desde los años 80, un sistema político volcado hacia el beneficio de quienes tiene riqueza y poder. Hemos tenido nuestra presencia de Dios y signos de esperanzas, de preocupación y dedicación por los menos aventajados en nuestro sistema social, hemos tenido nuestra Comisión de la Verdad y la Reconciliación y tenemos una deuda política, social y cultural pendiente ¿Qué hemos de esperar de Dios y la asistencia internacional respecto a estos asuntos?

Si hay algo que relaciona los maremotos asiático y peruano es un triste saldo: muchas muertes, familias destruidas, desplazados. Es por ello que podríamos hacernos en algo la idea del dolor de nuestros hermanos y nos unimos, como comunidad, a su luto.

Diciembre de 2004

 

  Comunicado sobre los atentados en Madrid

Los atentados perpetrados a los trenes en el centro de Madrid por grupos terroristas el día 11 de marzo, son actos que tenemos que rechazar y condenar rotundamente. Como ciudadanos, seres humanos y cristianos comprometidos con nuestra fe y con el mundo, consideramos que el terrorismo -sea éste de Al Qaeda, de ETA, o de cualquier agrupación, como fueron Sendero Luminoso y el MRTA en Perú, o como el narco terrorismo en el país hermano de Colombia- son inaceptables y constituyen estrategias de presión y de confrontación locales y globales equivocadas de raíz. No es posible aceptar el asesinato de la población civil como una estrategia sistemática de algunos grupos para conseguir sus objetivos particulares.

Como ciudadanos y cristianos conscientes, nos llenan de indignación las diferencias socioeconómicas existentes entre países ricos y países pobres, así como la insultante distancia entre ricos y pobres al interior tanto de países del tercer mundo como en el primer mundo. Condenamos, igualmente un sistema socioeconómico que se basa en un reparto radicalmente desigual de recursos, dominios y derechos socioeconómicos, sistema que termina produciendo la triste paradoja que Amartya K. Sen –premio Nobel de economía de 1998- denunció en varias oportunidades, que consiste en el hecho de que en un mundo donde la producción de alimentos puede alimentar al doble de la población mundial actual, exista un inmenso porcentaje de dicha población que sufre de hambrunas y se encuentra crónicamente desnutrida. Como laicos peruanos, además, condenamos la pobreza extrema en la que la mayoría de los peruanos se encuentran inmersos endémicamente.

Entendemos que detrás de muchos movimientos terroristas se encuentran intereses particulares poco claros que lindan con actividades ilícitas -como el narcotráfico y otras actividades delicuenciales- y que, probablemente, muy pocos de esos grupos “crean” realmente realizar una acción supuestamente justa. Ningún interés delincuencial, como tampoco ninguna intención supuestamente justa, valida el uso del terror y el asesinato de población civil o militar e ninguna parte del planeta. El terrorismo, en cualquiera de sus formas, constituye una estrategia profundamente equivocada para enfrentar los serios, urgentes y vergonzosos problemas sociales y las distancias económicas dentro del planeta, y es nuestro deber repudiarla.

La Comunidad SS.CC. Héctor de Cárdenas reafirma su compromiso con la justicia social en el Perú y en el mundo, y su adhesión a los principios inspiradores de los derechos humanos, al tiempo que condena los actos terroristas vengan de donde vengan. En este sentido, quiere expresar su pesar por la muerte de las 201 personas en los atentados en Madrid, así como por los muchos heridos de gravedad y de pronóstico reservado. De igual forma, se solidariza con el dolor de tantas familias –víctimas inocentes también- y une su oración a la de la Iglesia entera en todo el mundo.

Finalmente, puesto que la comunidad peruana en España es numerosa, la Comunidad SSCC. Héctor de Cárdenas quiere manifestar su especial preocupación por la situación de nuestros compatriotas a raíz de lo sucedido.


Marzo de 2004

 
     
 
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