Comunidad
Laical de los Sagrados Corazones
Héctor de Cárdenas
VOCACIÓN
FUNDACIONAL Y Octubre
del 2003
Introducción Primera Parte: Antecedentes Segunda Parte: Comienzos
Tercera Parte: Signos Los tiempos que vivimos exigen de nosotros mucha claridad para discernir nuestro rol como cristianos y como comunidad dentro de la Iglesia y del país. Sucesos como el reciente informe de la Comisión de la Verdad, que tanta polémica ha desatado en el país, así como la elección del P. Gustavo Gutiérrez, autor del libro “Teología de la Liberación”, para recibir el premio Príncipe de Asturias, han remecido la conciencia de muchos comunos en el sentido de que es necesario clarificar la línea que como Comunidad y como Sagrados Corazones tenemos al interior de la Iglesia. Otros han sido algo más cautelosos, pensando tal vez que plantear una línea sería presionar sobre las conciencias de los individuos que formamos la Comunidad. Ante este tema, la Comisión Ejecutiva, en comunión con la Junta de Asesores, ha visto por conveniente “volver a nuestras raíces”, es decir, explorar en nuestra historia como “movimiento generado por el Espíritu, en una época determinada”, para reconocer así el “espíritu fundacional”, el carisma con el cual nacimos y fuimos insuflados. Y es que creemos que en ese ejercicio re - conoceremos el llamado del Señor para esta pequeña célula de la Iglesia que llamamos Comunidad. Este trabajo no es cuestión de coordinadores o juntas; allí estamos involucrados todos. Por eso se ha preparado el presente documento, orientado al trabajo reflexivo de los grupos de la Comunidad. Solicitamos insistentemente, pues, que sea trabajado con intensidad en cada grupo. Las conclusiones serán de todos. El documento tiene tres grandes partes: a. ANTECEDENTES. Incluye extractos de documentos que marcaron mucho, en su tiempo, al Padre Héctor de Cárdenas y sus amigos, así como a los primeros comunos. Hay allí textos de las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla, así como de dos documentos del Episcopado Peruano que fueron especialmente importantes para todos ellos: “Justicia en el Mundo” y “Evangelización”; ambos estaban explícitamente mencionados en nuestros Estatutos originales. Incluimos también un breve extracto del Libro “Teología de la Liberación – Perspectivas”, del P. Gustavo Gutiérrez. b. COMIENZOS. Incluye un corto artículo de Juan Borea que narra los inicios de la Comunidad, así como extractos de otros documentos: un estudio hecho en los 80’s sobre la Comuna, una comparación de los primeros Estatutos (de 1982) con los actuales, algunos antiguos pronunciamientos oficiales de la Comunidad sobre diversos sucesos, y algunos pensamientos del P. Héctor recogidos en el libro Desde la Vida. c. SIGNOS. Como complemento apenas, incluimos cuatro pequeños documentos: parte de una Carta Circular del 1983 del entonces Superior General de la Congregación, el pronunciamiento de la Comisión Ejecutiva previo a la publicación del Informe de la CVR, el pronunciamiento sobre el mismo tema de la Rama Secular de los SS.CC. y unos textos “parabíblicos” compuestos por los comunos participantes en el último retiro comunitario. Que el Señor de la Vida nos guíe en este proceso de redescubrimiento de nuestra vocación. Alabados sean los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
ANTECEDENTES “Alaba
todo mi ser la grandeza del Señor En verdad el
Todopoderoso hizo grandes cosas para mí, Su brazo realizó
enormes hazañas Repletó
a los hambrientos de todo lo que es bueno Ésta
fue la promesa que ofreció a nuestros padres,
De las Conclusiones
de Medellín (…)Un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte. (…)La paz es ante todo obra de la justicia. Supone y exige la instauración de un orden justo en el que los hombres puedan realizarse como hombres, en donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocido, su libertad personal garantizada. Un orden en el que los hombres no sean objetos, sino agentes de su propia historia. Allí, pues, donde existen injustas desigualdades entre hombres y naciones se atenta contra la paz. (…) La opresión ejercida por los grupos de poder puede dar la impresión de mantener la paz y el orden pero en realidad no es sino “el germen continuo e inevitable de rebeliones y guerra”. (…)El cristianismo es pacífico y no se ruboriza de ello. No es simplemente pacifista, porque es capaz de combatir. Pero prefiere la paz a la guerra. Sabe que “los cambios bruscos o violentos de las estructuras serían falaces, ineficaces en sí mismos y no conformes ciertamente a la dignidad del pueblo, la cual reclama que las transformaciones necesarias se realicen (…) mediante una conveniente toma de conciencia (…) y esa efectiva participación de todos, que la ignorancia y las condiciones de vida, a veces infrahumanas, impiden hoy que sea asegurada. (…)No deja de ver que América Latina se encuentra en muchas partes en una situación de injusticia que puede llamarse de violencia institucionalizada cuando (…) poblaciones enteras faltas de lo necesario viven en una dependencia que les impide toda iniciativa (…) violándose así derechos fundamentales. (…) No debe pues, extrañarnos que nazca en América Latina “la tentación de la violencia”. No hay que abusar de la paciencia de un pueblo que soporta durante años una condición que difícilmente aceptarían quienes tienen una mayor conciencia de los derechos humanos.
28. Vemos a la luz de la fe, como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres. El lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas. Esto es contrario al plan del Creador y al honor que se le debe. En esta angustia y dolor, la Iglesia discierne una situación de pecado social, de gravedad tanto mayor por darse en países que se llaman católicos (…) 29. Comprobamos, pues, como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada, por ejemplo, en mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, salarios de hambre, desempleo y subempleo, desnutrición, inestabilidad laboral, migraciones masivas (…) 30. Al analizar más a fondo (…) descubrimos que esa pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas (…) mecanismos que por encontrarse impregnados no de un auténtico humanismo sino de materialismo, producen a nivel internacional, ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres (…) 31. La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela. 492. Los bienes y riquezas del mundo, por su origen y naturaleza, según voluntad del Creador, son para servir efectivamente a la utilidad y provecho de todos y cada uno de los hombres y los pueblos. De ahí que a todos y a cada uno les compete un derecho primario y fundamental, absolutamente inviolable, de usar solidariamente esos bienes, en la medida de lo necesario, para una realización digna de la persona humana. Todos los demás derechos, también el de propiedad y libre comercio, le están subordinados. Como nos enseña Juan Pablo II: “sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social”. La propiedad compatible con aquel derecho primordial es más que nada un poder de gestión y administración, que si bien no excluye el dominio, no lo hace absoluto ni ilimitado. Debe ser fuente de libertad para todos, jamás de dominación ni privilegios. Es un deber grave y urgente hacerlo retornar a su finalidad primera. 513. La dimensión política, constitutiva del hombre, representa un aspecto relevante de la convivencia humana (…) la fe cristiana no desprecia la actividad política; por el contrario, la tiene en alta estima. 515. La Iglesia (…) siente como su deber y derecho estar presente en este campo de la realidad: porque el cristianismo debe evangelizar la totalidad de la existencia humana (…) Critica por esto a quienes tienden a reducir el espacio de la fe a la vida personal o familiar, excluyendo el orden profesional, económico, social y político, como si el pecado, el amor, la oración y el perdón no tuviesen allí relevancia. 524. La política partidista es el campo propio de los laicos (Gaudium et Spes 43, Concilio Vaticano II). Corresponde a su condición laical el constituir y organizar partidos políticos, con ideología y estrategia adecuada para alcanzar sus legítimos fines. El laico encontrará en la enseñanza de la Iglesia los criterios adecuados (…)
Del Documento “La
Justicia en el Mundo” (…) Compartimos con las naciones del Tercer Mundo el ser víctimas de sistemas que explotan nuestros recursos económicos, controlan nuestras decisiones políticas, nos imponen la dominación cultural de sus valores y de su civilización de consumo (…) se refuerza y mantiene por la estructura interna de nuestros países, de creciente desigualdad económica, social y cultural, de perversión de la política que no sirve al bien de todos sino al de unos pocos. (…) Ante esta situación surgen en la comunidad cristiana opciones por los oprimidos, identificándose con sus problemas, sus luchas, sus aspiraciones. Muchos cristianos ven iluminado su compromiso por una teología que a partir de la fe, interpreta esta realidad como una situación de pecado y una negación del plan de Dios, y que mueve al compromiso por la liberación como una respuesta al Señor que nos llama a construir la historia. La Iglesia descubre así la inevitable implicancia política de su presencia, y que no puede anunciar el Evangelio en una situación de opresión sin remover las conciencias con el mensaje de Cristo liberador. Ve en la pobreza evangélica la expresión de su solidaridad con los oprimidos y la denuncia de pecado de la sociedad opresora de consumo, creadora de necesidades artificiales y de gastos superfluos. Percibe la urgencia de abrirse a los problemas del mundo para ser fiel a su misión, ya que en el pasado y aún ahora, tiende a vivir encerrada en sus problemas internos y corre el riesgo de no ser signo, si se mantuviera ausente de las angustias y preocupaciones de los hombres.
(…) 2.4 Ante el reto de esta dolorosa realidad, de la que es protagonista un pueblo creyente: la acción de los cristianos no siempre se traduce en respuestas adecuadas debido a: pasividad, evasión, temor al riesgo, excesivo afán de seguridad personal y, como causa principal de ellas, carencia de una visión clara y un análisis crítico de la situación. 3.4.2 (…) lo político constituye un aspecto particularmente importante de la existencia humana. Precisamente porque es misión de la Iglesia salvar al hombre, lo es también comprometerse en la instauración de un orden social, económico y político, que sea capaz de sostener e impulsar la promoción del hombre (…) Por eso la tarea salvífica no puede ser indiferente ante el orden social existente. 3.4.4 A las Comunidades Cristianas toca discernir (…) las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que aparezcan necesarias con urgencia en cada caso.
(…) Desde una perspectiva de fe, lo que mueve, en última instancia, a los cristianos a participar en la liberación de los pueblos oprimidos y de las clases sociales explotadas es el convencimiento de la incompatibilidad radical de las exigencias evangélicas con una sociedad injusta y alienante. Sienten muy claramente que no pueden pretender ser cristianos sin asumir un compromiso liberador (…) (…) Por ello importa tener presente que más allá o, mejor, a través de la lucha contra la miseria, la injusticia y la explotación, lo que se busca es la creación de un hombre nuevo (…) No se trata de un “luchar por los otros” de resabio paternalista y objetivos reformistas, sino de percibirse a sí mismo como un hombre no realizado, viviendo en una sociedad alienada (…) (…) En este enfoque, la noción de salvación revela una faceta que no aparecía en la perspectiva anterior. La salvación no es algo “ultramundano”, frente a lo cual la vida presente sería sólo una prueba. La salvación –comunión de los hombres con Dios y comunión de los hombres entre ellos- es algo que se da, también real y concretamente, desde ahora, que asume toda la realidad humana, la transforma, y la lleva a su plenitud en Cristo (…) En consecuencia, el pecado no es sólo un impedimento para esa salvación en el más allá. El pecado en tanto que ruptura con Dios es una realidad histórica, es quiebre de comunión de los hombres entre ellos, es repliegue del hombre sobre sí mismo (…) que se manifiesta en una multifacético postura de ruptura con los demás. (…) La espiritualidad, en el sentido estricto y hondo del término, es el dominio del Espíritu. Si “la verdad nos hará libres” nos conducirá a la libertad plena (…) Una espiritualidad de la liberación estará centrada en una conversión al prójimo, al hombre oprimido, a la clase social expoliada, a la raza despreciada, al país dominado. Nuestra conversión al Señor pasa por ese movimiento (…) (…) La utopía significa necesariamente una denuncia del orden existente (…) Se trata de un rechazo global que quiere ir hasta la raíz del mal (…) Pero la utopía es también un anuncio. Anuncio de lo que todavía no es pero que será: presagio de un orden de cosas distinto, de una nueva sociedad (…) Entre la denuncia y el anuncio, está, al decir de Freire, el tiempo de la construcción, de la praxis histórica (…) (…) Lo único realmente nuevo es acoger día a día el don del Espíritu que nos hace amar en nuestras opciones concretas por construir una verdadera fraternidad humana, en nuestras iniciativas históricas por subvertir un orden de injusticia, con la plenitud con que Cristo nos amó. Parafraseando el conocido texto de Pascal, podemos decir que todas las teologías políticas, de la esperanza, de la revolución, de la liberación, no valen lo que un gesto auténtico de solidaridad con las clases sociales expoliadas. No valen lo que un acto de fe, de caridad y de esperanza comprometido –de una manera u otra- en una participación activa por liberar al hombre de todo lo que lo deshumaniza y le impide vivir según la voluntad del Padre. Segunda Parte COMIENZOS
En la comunidad SS.CC. de Miraflores, donde se fue formando lo que hoy es nuestra comunidad, vivían Héctor de Cárdenas, Gastón Garatea y José Luis González. Los tres sacerdotes estaban plenamente identificados y comprometidos con la entonces naciente Teología de la Liberación, y con el movimiento de sacerdotes que encontraban que la Historia de la Salvación seguía viva en el pueblo. En el Perú de los 70’s era la época del Gobierno de Juan Velasco Alvarado, un militar de línea nacionalista que marcó un enfrentamiento con la oligarquía que dominaba entonces el país. Era una época de cambios radicales, como fue la nacionalización del petróleo y la minería, la reforma agraria, el irrumpir de campesinos y obreros en la vida política del Perú. En medio de estos cambios la clase media se asustó y veía todo esto como comunismo. Los sacerdotes que, siguiendo los documentos conciliares y los del episcopado latinoamericano como Medellín y luego Puebla, ligaban su vivencia de fe con la liberación del oprimido, eran tildados de comunistas o de “tontos útiles” del comunismo. Ese fue el caso de Héctor. Yo llegué a la casa de Ramón Zavala (no había comunidad juvenil todavía) para ayudar a Héctor en un retiro para alumnos del colegio Maristas (no me acuerdo si Champagnat o San José). Héctor era capellán de los colegios maristas San Luis y Champagnat. Yo era recién ingresante a la Universidad Católica, pues tres años después del colegio había estado con los hermanos maristas, de los que luego me retiré. En el retiro para estos chicos estuvo presente un hermano marista bastante conservador, que se escandalizó con la prédica de Héctor y los cantos que cantábamos. Muchas madres y padres se quejaron ante los maristas por el estilo de predicación de Héctor, y él acaba saliendo del Champagnat... por “comunista”. Nosotros aprendimos mucho de política allí. En la mesa del comedor conversábamos bastante con los tres sacerdotes y entre nosotros, y el tema político era cotidiano. Héctor nos enseñaba que la fe tenía que vivirse comprometida con la historia. Que había que conocer los “signos de los tiempos”. Textos como los proféticos (Isaías, Jeremías, Joel), cartas como la de Santiago, textos de la Iglesia Latinoamericana, eran lecturas comunes entre nosotros. Mucha gente conoció al pobre y a la verdadera historia en la comunidad. Durante varios años tuvimos lo que se llamaban los martes políticos, en los cuales venían charlistas de gran nivel, y había debates e intercambios. La asistencia era masiva. Es cierto que no había mucha vivencia de oración, por eso luego vinieron los jueves de oración que, sin embargo, nunca tuvieron tanta acogida. La que sí era muy concurrida era la Misa Comunitaria en la que la vida del pueblo, los acontecimientos políticos y las reivindicaciones populares estaban permanentemente presentes en los comentarios de las lecturas, las peticiones, las acciones de gracias. Unas cuarenta veces más que ahora, por hacer una comparación. Algo semejante pasaba con los momentos de oración al final de las reuniones y con las liturgias en los retiros. Héctor incentivaba la preocupación por trabajos pastorales con sectores populares. Se trabajó en aquella época con el Colegio Scipión Llona (estatal de Miraflores), con el colegio Jesús Obrero de Comas, con el pueblo joven Las Delicias de Villa, con la parroquia de Puente Piedra. Héctor además nos animaba permanentemente a participar en la vida política de la universidad, y luego del país. Muchos de nosotros militábamos en partidos de izquierda a partir de nuestra fe y casi todos los universitarios intervenían también en la política universitaria. Si bien la comunidad no se identificaba como tal con ningún partido, se comprendía y se acompañaba en el análisis y la oración a los militantes. Hubo un momento en que cuatro de la casa de Ramón Zavala éramos miembros de la Dirección Nacional del PSR: Pablo, Nano, Chachi y yo. Cuando llegó Morales Bermúdez al gobierno y empezó a desmontar las reformas, hubo un gran movimiento popular, con tres grandes paros nacionales. Los integrantes de la comunidad participamos en los tres paros, por nuestra cuenta, no como comunidad, pero sí animados y reforzados por nuestra vivencia allí. Es una época en que la comunidad, por su cuenta o junto a otros movimientos eclesiales como CVX, Siempre, MPC, MIAMSI, emite comunicados oficiales frente a situaciones concretas que afectaban la vida del pueblo. Asimismo participábamos en diversas marchas y movilizaciones. Era común llegar a la casa y encontrar a los jóvenes preparando las pancartas. La conversación comuna incluía cotidianamente lo político y social. Los comunos, incluso los escolares, estaban en general bien informados del acontecer cotidiano, y llevaban su influencia a donde iban. Me acuerdo con claridad como en el Champagnat, los muchachos que iban a la casa de Ramón Zavala eran un grupo marcado, no auto aislado, pero sí con convicciones claras. Movimientos
como el Opus Dei y el naciente Sodalitium Cristiane Vitae nos llevaban
bronca, pues trabajábamos en sectores de clase media donde ellos
solían tener exclusividad. Gente de esos grupos nos calumniaron
e incordiaron en diversas ocasiones. Con ocasión de la primera
venida del Papa, fuimos como comunidad en masa no al hipódromo
con los jóvenes, sino a Villa el Salvador, con la Iglesia popular. Son apenas unos cuantos recuerdos. Sin embargo, dan una pista de cómo era la primitiva comuna. Octubre de 2003
De: “La Comunidad Héctor de Cárdenas, hitos de un proceso”, trabajo de Juan Borea para el curso Eclesiología I, ISET 1982. “(…) En 1972 Héctor empezó a contactar con un grupo de jóvenes para que le ayuden en la labor de dar retiros a los alumnos de los Colegios Maristas. Así, poco a poco, estos jóvenes se van a ir nucleando en la labor apostólica, y a partir de ella a desarrollar fuertes lazos de amistad, así como a profundizar en la fe (…) Esta dinámica se mantiene en 1974. La Comunidad de Formación ss.cc. funciona mientras tanto de manera paralela, aunque hay íntima relación con ellos (…) Cabe destacar que la religiosidad que tiene la casa intenta ligarse estrechamente con las luchas populares, con los problemas del pueblo, etc. Este aspecto es novedoso para la mayoría de los jóvenes, dado que todos pertenecían a clase media o alta. La respuesta es positiva, y se da una preocupación por los sectores marginados, que lleva a algunos personajes externos a la casa a calificarla de “comunista”. (…) 1975 se revelará como un año de crisis en la comunidad (…) generada por la evolución intelectual de sus miembros. La Casa de Formación de los SS.CC. se traslada a otro lugar, quedándose en Ramón Zavala únicamente Héctor (…) Es importante señalar que se realizan retiros con alumnos del colegio Recoleta, ya que Héctor había sido despedido de los Maristas por “comunista”. (…) Los años 76 y 77 van a ser años de lenta recuperación (…) Muchos de los mayores regresan a participar de las actividades comunitarias, pero matizadas ya, para muchos, con un compromiso político; varios de sus miembros habían empezado a militar en diversas agrupaciones de izquierda. Paralelamente, el mal de Héctor, cáncer a la lengua, se va agravando y deben realizarle una operación. En el año 78, y con el aporte de un profesor ya mayor, que había sido sacado del Champagnat también “por comunista”, la Comunidad retomó un nuevo brío (…) se desarrolla el Primer Proyecto para formar una Comunidad. Además se dirigen gran cantidad de actividades externas. (…) 1979 marcará ya un bajón enorme; la Comunidad va a mantenerse sólo con las misas dominicales y con la participación de escolares y universitarios jóvenes, que se reúnen casi sin dirección, dado que la enfermedad de Héctor se va agravando. Afortunadamente, la presencia a través de uno de los miembros del aporte ideológico y fraterno del Movimiento para un Mundo Mejor consigue paliar la deficiencia formativa. En 1980 muere Héctor de Cárdenas. A su muerte se intenta genera otro proyecto de Comunidad, que va a demostrar su pronta ineficacia. Ya 1981 presentará un matiz negro. Se intenta reunir a los antiguos miembros de la Comunidad, los que iniciaron las reuniones, pero esto también fracasa. La sobreviviencia va a ser asegurada a duras penas por el entonces Coordinador General y por un sacerdote que había empezado a vivir en Ramón Zavala desde 1980, el Padre José Luis Ramírez, quien se va ligando cada vez más a la Comunidad. Ya para entonces se la ha dado el nombre de “Comunidad Juvenil Héctor de Cárdenas” (…) (…) Es importante también señalar lo que podríamos definir como el carisma comunitario: (…) b. Identificación con los grupos marginados de la sociedad. Aunque los miembros son pertenecientes a las clases media o alta, la Comunidad siempre ha priorizado la atención y la preocupación por los menos favorecidos, lo que le ha valido ataques de todo tipo, principalmente de “comunista”. Sobre todo porque lleva esta preocupación a sectores altos y medios, que tradicionalmente no tienen una idea de lo que sucede en el país.
**Aunque el espíritu de los Estatutos se ha mantenido siempre, hay expresiones que han ido siendo variadas a lo largo del tiempo, en parte por cuestión práctica (no afirmar lo que no siempre era posible realizar), en parte por no recargar el texto (al aparecer la Conferencia Episcopal de Santo Domingo… ¿debíamos seguir mencionando Medellín y Puebla? Habiendo habido tantos y tantos documentos del Episcopado Peruano… ¿debían seguir apareciendo explícitamente Evangelización y Justicia en el Mundo, escritos a finales de los 60’s y comienzos de los 70’s respectivamente?) El problema ha sido que, tal vez, con el pasar del tiempo, hemos terminado olvidando el espíritu que, de manera implícita, pretendía quedar en los Estatutos.
Principios y Fines.
Versión original, Asamblea Consejo 1982: 1. Proporcionar
a sus miembros, así como a quienes lo soliciten, la ayuda pastoral
necesaria y que esté a su alcance, comprendiéndose en ello
una educación integral y crítica que capacite en cuestiones
teológicas, históricas, culturales, artísticas (folklore
entre otras), políticas, económicas, sociales, etc., para
que conociendo y comprendiendo más la realidad en que vivimos,
el compromiso como personas sea más sólido y justificado. Estatutos Actuales: Asamblea 2001 1. Proporcionar
a sus miembros, así como a quienes lo soliciten, ayuda pastoral
para comprometerse a transformar la realidad en que viven en conformidad
con el evangelio.
DECIMO PRIMERO.- Corresponde a la ASAMBLEA COMUNITARIA: 16. Emitir pronunciamientos
o comunicados públicos a nombre de la Comunidad, los que firmará
cuando menos el Coordinador General.
“El domingo 17 de agosto, reunidos en el local de SIEMPRE, miembros de distintos movimientos y comunidades de laicos profesionales nos hemos interpelado comunitariamente acerca de nuestro rol en este momento de violencia que vive el país. Queremos poner en manos de ustedes el producto de esta reflexión (…) Estamos viviendo momentos muy graves de violencia e injusticia. Momento del que no podemos fugar como cristianos: momento que exige de nosotros coraje evangélico para ir al fondo y a la raíz como condición para restablecer la paz y la vida (…) Sentimos que es un momento que nos exige hablar y actuar (…) Hoy más que nunca estamos convencidos de que la defensa de la vida en el Perú significa afirmar un proyecto de vida y sociedad diferente desde los pobres y sus aspiraciones. Consideramos que es todo un sistema, que son muchos los grupos e instituciones los que violan sistemáticamente el derecho a la vida de los más pobres. La violencia crece y se desarrolla desde la injusticia y la opresión. Defender la vida; defender los derechos humanos nos exige en este momento crear conciencia masivamente sobre el derecho a la vida de todos los peruanos (…) Como cristianos sentimos el deber de redoblar nuestra participación en la política, de trabajar activamente con las organizaciones populares, de militar en partidos ejerciendo la crítica, el diálogo, dando testimonio de servicio y entrega. En este camino, la confrontación del acontecer político, de nuestra acción política con el Evangelio, es fundamental. La comunidad cristiana que estimula, acompaña y revisa la acción política de sus miembros es un espacio privilegiado para nosotros. (…) Algunos de nosotros vivimos con angustia el desempleo y tememos por las incoherencias que pueden surgir de esta inestabilidad (…) La opción por los pobres, la solución de sus problemas, los desafíos de fondo de este país, deben estar en el corazón de nuestro ejercicio profesional. La vida comunitaria, la revisión de nuestra acción profesional deben ayudar a darle coherencia. (…) Consideramos
algunos rasgos fundamentales que debe revestir la espiritualidad del profesional
laico en momentos como el que vivimos: Finalmente debemos tener en cuenta que vivimos en el conflicto y que las más de las veces el compromiso transformador produce rechazo hacia nuestra acción. Aquí el papel de la comunidad que acompaña y estimula, que revisa, celebra y ora, que nos impulsa permanentemente al compromiso cristiano, es espacio vital y garantía para nosotros.
“Los propósitos del proyecto de formación nos piden tener claros y precisos los rasgos que deseamos alcanzar a través de dichos proceso en los miembros de la comunidad: (…) 4. Un hombre con sensibilidad histórica y capacidad de compromiso y solidaridad que lo impulse a asumir responsabilidades sociales y políticas y que contribuya a la formación de una sociedad que garantice la paz y la seguridad de todos (…) 7. Un hombre que comprende que la fe, si es verdadera, se manifiesta en las obras, por lo que realiza acciones concretas de evangelización y construcción de un mundo acorde con el Plan de Dios; por ello se siente interpelado por la situación de pecado, miseria e injusticia que reina en el Perú y América, y se compromete a dar su aporte a la construcción de una sociedad justa, acorde con los Derechos de l Hombre y los valores del Evangelio (…) 9. Un hombre identificado con los marginados del Perú, comprometido con el proyecto católico de liberación, promotor y acompañante en su proceso de concientización y organización, que asume sus sufrimientos, sus luchas y esperanzas. Todo esto, porque reconoce en ellos a los predilectos de Dios y acoge con humildad la fuerza evangelizadora presente en los pobres y explotados del continente (…)”
Con ocasión del primer aniversario de la muerte de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, expresamos nuestra solidaridad con las comunidades cristianas y con todo el pueblo de El Salvador en su heroica lucha por la justicia, sostenido por la esperanza que le confiere su fe en Cristo Liberador. Su asesinato hace de él un verdadero mártir del anuncio del Reino de Justicia en América Latina. Con la entrega consciente y responsable de su vida, Monseñor Romero ha demostrado ser el modelo de Obispo que las comunidades cristianas de América Latina necesitan. Rechazamos la sistemática deformación de los hechos que la mayoría de las agencias noticiosas realizan, sirviendo a los intereses de la Administración Norteamericana. El pueblo salvadoreño se defiende de la criminal agresión de bandas paramilitares, a la vez que lucha por un orden social en el que los derechos de sus hijos sean respetados. Como cristianos rechazamos la violencia, pero a la vez reconocemos el derecho que el pueblo salvadoreño tiene a defender su vida dirigido por sus líderes. Antes que el pueblo salvadoreño recibiese armas de ninguna parte, hacía mucho tiempo que otras armas lo venían asesinando**. Creemos que conocer a Dios es practicar la justicia, como decían los Profetas, y comprendemos a nuestros hermanos de El Salvador que se encuentran en la situación límite de tener que manifestar el amor derramando sangre. Deseamos sinceramente que esta situación no dure mucho, pero compartimos con ellos la convicción de que no podríamos confesar a Dios como Padre si no defendemos a sus hijos. Las comunidades Cristianas, que viven en estos momentos un tiempo de preparación para la pascua (cuaresma), deben comprender que la muerte de Cristo hoy tiene nombre propio en tantos hermanos nuestros que mueren en El Salvador, y que su resurrección es la que sostiene su esperanza de que su sacrificio no será inútil. ¡LA SANGRE DE MONSEÑOR ROMERO DARÁ FRUTO EN SU PUEBLO! ¡LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES LATINOAMERICANOS RESUCITARÁ EN UN CONTIENENTE NUEVO! ** Durante
los años ’70, la lucha armada era considerada una opción
aceptable por numerosos cristianos identificados con los sectores marginados.
El descubrimiento del dolor del pobre, la imagen de “hombres de
buena voluntad” que habían muerto en esta opción (como
Javier Heraud y el Che Guevara) y sobre todo el no haber pasado por la
realidad de muerte que conocimos con Sendero, hacía que muchos
grupos cristianos vieran con ingenuo romanticismo la idea de “tomar
el fusil”. La Comunidad no fue una excepción a esta tendencia,
de la que incluso se habló (sólo a nivel teórico,
por cierto) en la Asamblea Consejo de 1983 (“Dicotomía Amor-Violencia”).
Las Comunidades Cristianas abajo firmantes desean manifestar a la opinión pública lo siguiente: 1. El día
4 de octubre de 1986, en horas de la tarde, la Srta. Susana Ramos Cabrera
fue arbitrariamente detenida por cuatro miembros de la Guardia Civil,
cuando se encontraba transitando a la altura del Grupo Residencial 7,
tercer sector del Distrito de Villa el Salvador, a unos 100 mts. De la
Av. César Vallejo. Fue conducida a la comisaría más
cercana (a 1000 mts) bajo sospecha de haber estado realizando actividades
subversivas: tomar fotografías. Estuvo privada de la libertad por
espacio de 7 horas, hasta que se convencieron de su inocencia; esta detención
se produjo al amparo del Estado de Emergencia y en consecuencia no se
le permitió en todo este tiempo comunicarse con sus familiares
ni contar con la asesoría de un abogado, fue presionada psicológicamente
para que declarase autoinculpatoriamente sobre algo que no había
cometido, porque la Srta. Ramos era inocente de cuanto cargo se pretendió
formular en su contra. Lima, 23 de octubre de 1986.
Desde la Vida 19 A los que el corazón
siempre nos pide una “locura”, Señor, tú eres
de los nuestros y nos comprendes. Desde la Vida 24 Desde la Vida 52 Desde la Vida 53 Conversando con Él,
he aprendido, he experimentado lo que es válido, Él se duele, se desespera,
se indigna con mi mediocridad Desde la Vida 65 Desde la Vida 66
SIGNOS
COMISIÓN EJECUTIVA
1. Como laicos ss.cc. no podemos estar ajenos a lo que ocurre en nuestro país, en especial a aquello que ha significado y sigue significando de alguna manera, dolor, impotencia, desesperanza y muerte de miles de compatriotas nuestros durante tantos años. 2. Nos sentimos solidarios con la CVR, en su compromiso con todos aquellos que aún esperan justicia. También nos solidarizamos con los familiares de las víctimas de este conflicto que desangró a nuestro país y, muy en particular, con aquellos que representan la mayor parte de estas víctimas, los más pobres, por quienes optamos de manera preferencial. 3. Creemos que la reconciliación y la paz es un proceso que pasa necesariamente por la verdad y la justicia. La reconciliación no puede pasar por el olvido, que es lo mismo a impunidad. Al contrario, la impunidad sólo genera rencor, humillación y desesperanza. 4. Rechazamos la crueldad, el terrorismo, el abuso, la prepotencia, la indiferencia, el homicidio, la impunidad y todo aquello que atenta contra la justicia y la vida. Que en ningún caso se justifica, venga de donde venga 5. Creemos que el resultado de las investigaciones y los juicios de la CVR merece una profunda evaluación y autocrítica por parte de todos los sectores del país, al margen de las discrepancias accesorias. Esta evaluación es necesaria para enmendar actitudes y así evitar que esta historia se repita. Exhortamos, pues, desde aquí, a todos los miembros de las diversas comunidades laicales ss.cc. para que, en coherencia con nuestro carisma, hagan una lectura de las conclusiones de la CVR que pase por un necesario cuestionamiento de nuestra actitud, lectura que sea, también, solidaria y, finalmente, comprometida auténticamente con nuestra vocación reparadora. 6. Hallamos que la lectura de la verdad puede tener matices y diferencias radicales según la perspectiva desde que se analice. Nosotros queremos rescatar especialmente, ese matiz que, por fin, puede expresarse, aquel que viene de los que no tuvieron voz, los más pobres, los siempre olvidados, los analfabetos, los que representan la mayoría de las víctimas, los que no fueron mencionados en los medios, los que sólo son cifras estadísticas, los indios que son de allá, donde la vida no valía nada. 7. Nos solidarizamos con la CVR frente a los ataques que ésta viene soportando de muchos sectores que no quieren respetar la verdad, vista desde una perspectiva nueva, mayoritaria, evidente. Verdad tangible e inocultable para los que se han dejado sensibilizar por el dolor de los pobres. 8. Sabemos del compromiso por conseguir la justicia, hoy en terreno del Ministerio Público, lo cual nos compromete a estar vigilantes y atentos para exigir que la justicia sea una realidad que indemnice, sobre todo, moralmente a tantos muertos y familiares que aún siguen esperándola. 9. Finalmente, saludamos a R.P. Gastón Garatea ss.cc. por su participación decidida y valiente en la CVR, y al R.P. Hubert Lansiers ss.cc. por su permanente protagonismo en la historia de justicia, en pro de una cultura de paz y en la defensa de la vida de nuestro país, al lado de "aquellos con los que nadie quiere estar". Y en general, a todos los religiosos, religiosas y laicos que, silenciosamente, son signos del amor de Dios para tantos que descubren la fe, la esperanza y el amor a través de ellos en situaciones de violencia y miseria. Alabados sean los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
Los siguientes textos fueron compuestos durante el último trabajo en grupos del Retiro Comunitario de Octubre del 2003. En ellos se buscaba plasmar, de manera simbólica, el llamado que cada grupo discernía que Dios nos hacía. De los grupos 197, Iniciación y Colaboradores: “En aquel tiempo, en el país de Perú, el Señor llamó a la Comunidad Héctor de Cárdenas y les dijo: “Yo soy su creador, la luz y guía de sus vidas. Escuchen lo que les digo: Han sabido atender a mi llamado y han querido seguir mi camino. Ahora los convido a asumir un compromiso no sólo en oración sino sobre todo en acción. Miren en sus corazones, descubran los dones que les he entregado y pónganlos al servicio de sus hermanos, sin distinción”. Ellos escucharon Su Palabra y, luego de hablar entre ellos, le respondieron: “Tenemos la voluntad de hacerlo mas no sabemos cómo. Sin embargo, con el trabajo fiel de cada uno de nosotros, buscaremos hacer Tu voluntad”. Del grupo Pucllu: “En aquel tiempo, en el país de Perú, el Señor llamó a varios comunos y comunas por su nombre y les dijo: “Yo soy el Padre Creador Todopoderoso, Maestro, Fuerza, Amor y Vida. Escuchen lo que les digo: Dejen la comodidad y seguridad de su burbuja comunitaria. Salgan al mundo y miren que sus hermanos sufren. La luz y gracia que les he dado deben hacerla crecer para que ilumine al mundo. No se dejen confundir ni adormecer, y permanezcan unidos en mí”. Ellos escucharon Su Palabra y, luego de hablar entre ellos, le respondieron: “Señor, perdónanos por ser tan comodones y pensar sólo en nuestro bienestar. Ayúdanos a desinstalarnos, danos sensibilidad para sentir como nuestros hermanos más pobres. Ábrenos los ojos para ver con el corazón. Nos comprometemos a buscar los medios para vivir nuestro compromiso cristiano”. De los grupos Lebab, Fe y Espíritu y Contemplemus: “En aquel
tiempo, en el país de Perú, el Señor llamó
a algunos comunos que se encontraban de retiro y les dijo: “Yo soy
el que les ha dado el don de la Comunidad. Escuchen lo que les digo: retomen
su fuerza fundacional, regresen al pobre, participen en la vida política
de su país, pongan Mi Amor en práctica entre todos los hombres.
Sean más Sagrados Corazones que nunca. Lleven mi Buena Noticia,
viviendo la rectitud, la humildad y los valores del Mi Reino, porque los
necesito para crear un mundo más justo”. Ellos escucharon
Su Palabra y, luego de hablar entre ellos, le respondieron: “A pesar
de todas nuestras dudas, temores y debilidades, te decimos ‘Sí,
Señor, estamos dispuestos’. Con tu ayuda podemos lograrlo”.
“Pues
yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva Harán
sus casas y vivirán en ellas, El
lobo pastará junto al cordero,
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