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La Comunidad Laical SS.CC. Héctor de Cárdenas

a partir del caso del Hno. Paul McAuley

y otras situaciones de injusticia

En los últimos días, las noticias sobre el religioso de La Salle, Hno. Paul McAuley han preocupado a un amplio sector de la Iglesia y de la sociedad peruana. A pesar de la poca cobertura inicial de los medios de comunicación, la decisión del gobierno peruano de suspender la residencia al Hno. Paul y los posteriores acontecimientos (protestas, pronunciamientos, movilizaciones, declaraciones, recursos de amparo), han sido cuidadosamente seguidos por muchos cristianos.

El caso del Hno. Paul McAuley no es excepcional. A partir de su situación saltado a la vista los casos de personas como Monseñor José Luis Artigarraga, Obispo de Yurimaguas; Monseñor Daniel Turley, Obispo de Chulucanas; el P. Francisco Muguiro, sacerdote de la Vicaría de Jaén; y el P. Mario Bertolini, párroco de Barranquita. En todos los casos, se trata de hermanos que trabajan abnegadamente con los más pobres desde hace mucho tiempo. La trayectoria de vida del Hno. Paul McAuley es un testimonio de ello. Resulta paradójico que el gobierno quiera expulsar a un extranjero así y no a aquellos que contaminan nuestro medio ambiente.

No es un secreto que en nuestro país se presentan situaciones de injusticia. El trato a las comunidades indígenas y a las poblaciones más pobres, la explotación desmedida de nuestros recursos y la contaminación del ecosistema, la prevalencia de intereses económicos de algunos sectores y de grandes corporaciones son algo habitual en nuestra tierra. Frente a ello, el mensaje de Jesucristo se mantiene en toda su vigencia: "Me ha enviado para anunciar la Buena Noticia a los pobres, para dar libertad a los oprimidos.. para proclamar el año de gracia del Señor".

La misión de la Iglesia, como lo ha recordado recientemente el Episcopado Latinoamericano reunido en Aparecida (2007) pasa inevitablemente por la justicia, por la búsqueda de la libertad y la igualdad para todos, y por la defensa de la tierra, casa común de la humanidad.

Por lo tanto, como comunidad cristiana que busca ser fiel a su Señor, nos solidarizamos con el Hno. Paul y con todos los cristianos perseguidos por su fidelidad al llamado de Dios desde los más pequeños, e invocamos a todos los cristianos a aunar esfuerzos para evitar que estas injusticias prosperen.

Lima, 12 de julio de 2010

   
 

 

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